Cosmic Femme
Este icono asiático descansa cercano a los pies de la cama de M., donde suelo dormir. Muchas mañanas cuando, abro los ojos, es lo primero que veo. Ahí sentado con su postura de yoga, es todo un símbolo de lo femenino, con ese pecho descubierto y esa estrecha cintura que bien podría dejar ver unas costillas de loba. “La divinidad reside en el sexo femenino”, leí hace tiempo, desde entonces no dejo de darle vueltas al asunto, y cada vez estoy convencido de que así es. Vivimos en un mundo en que la femineidad está contaminada, sigue habiendo un machismo imperante, y no me refiero a un machismo descalificante, si no a una manera masculina de hacer las cosas, una manera de relacionarse, de tomar decisiones. Hasta adoptando actitudes femeninas como es el cuidado del cuerpo tan venerado por los “metro sexuales”, se queda atrás la parte importante, la relación con su cuerpo tan especial que tiene la mujer. Así se convierte (aquí si me permito el concepto) en una mera frivolidad. Las mujeres están, como decía, mucho más conectadas con su cuerpo, y esto a su vez hace que estén mucho más en contacto con la tierra y el cielo, son capaces de sentir mucho más los movimientos de energía del universo, y por tanto, son mucho más vulnerables a éstos. Una mujer debe ser consciente de su condición y potenciarla, así como los hombres debemos tener cada vez más en cuenta nuestro lado femenino, sin olvidar, eso sí, que nuestra verdadera fuerza sigue residiendo en el masculino. Yo desde luego, me admito fascinado por todas estas cosas de las que vengo hablando, y os recomiendo encarecidamente pensar en ello. Para vosotras, os recomiendo un libro que me enseñó M., “Mujeres que corren con lobos” de Clarissa Pikola Estés, que podéis encontrar sin problema en



