sábado, febrero 25, 2006

Blur Club



Aquí unos segundos de la actuación de anoche, grabado por M. con su cámara de fotos. Aunque a mí no se me ve, me gusta la luz y las caras de la gente, escuchando.
La sensación que deja un concierto es adictiva, lo malo es que es tremendamente costoso llegar a ella. Dejé de tener banda por lo complicado de sus relaciones y por evitar los quebraderos de cabeza que supone mover todo el equipo de un lado para otro. Ahora que estoy solo con mi guitarra y con Carlos, echo de menos la contundencia de una banda, lo divertido que es contar con tantos elementos. Anoche estaba preocupado, las inauguraciones siempre son precarias, al público le cuesta encontrarse en un sitio nuevo, y además el acústico siempre requiere mucha energía y atención. Estaba cansado, pero el tequila y el vodka me animaron. Salí confiado. Toqué los dos primeros temas solo, y después me acompañó Carlos. Estuvo genial, a pesar del sonido y de una parte del público que no dejó de hablar ni en mi actuación, ni en la de Mark Gardener, cosa que me sorprendió. Ojalá el post-concierto durara días...

jueves, febrero 23, 2006

Reencuentros cap. 365

La noche llega a la ciudad, cientos de personas se agolpan en el metro, unos camino a sus casas, como yo, otros, como M., han hecho planes para disfrutar de una estupenda noche de jueves. En Madrid ha sido un día de esos en que el Sol no asoma ni un minuto entre la densa capa de nubes, incluso han caido algunos copos de nieve. Yo me siento acorde con el tiempo, el corazón caliente y los ojos tristes, con ganas de tirarme la tarde mirando por la ventana, escuchando Souvenir de OMD. Cuando acabé de trabajar, me dirigía a una tienda de música a ver guitarras, pero en el último momento, cambié de opinión y fui a otra que estaba más lejos pero que me apetecía más. Si no fuera por esa decisión repentina, no me hubiera encontrado con Rufi e Isabella. Ambos han estado viviendo en Manchester 3 años, y acaban de volver. Desde que se fueron no les había visto. Rufi era mi mejor amigo en el insituto. Charlamos un rato bajo el frío, nos abrazamos y seguimos nuestro camino (ellos iban a coger un tren). Después de la visita a la tienda y comprobar que tenían la Fender Jaguar que será mi guitarra dentro de poco, decidí pasar por el Palentino, donde supuestamente estarían algunos amigos más, pero allí no había nadie conocido. La calle pez en días como hoy está preciosa, asíque seguí caminando tranquilamente, observando el interior de los bares, con sus paredes anaranjadas y sus animados coloquios. Me detuve ante una tienda de discos que no había visto nunca. Se llamaba Bang! y en su escaparate había un vinilo de Lou Reed: Rock and Roll Animal. Miré a su interior, y para mi sorpresa, tras el mostrador estaba mi amigo Manu, al que, por supuesto, hacía casi un año que no veía. Entré, y sin poder ocultar mi júbilo, le pregunté si la tienda era suya, y me contestó que sí. Hablamos un rato de cómo nos iba la vida y me puse a mirar vinilos de los 80. Me llevé los dos de la foto (¡nunca se tienen suficientes discos de los Waterboys!). Después de todo esto, lo que menos me apetecía era venir a casa y estar solo. De hecho, llamé a Iria, que vive justo al lado de la tienda de Manu, pero no estaba. Con Iria también tuve otro reencuentro, hace unas semanas, y desde entonces tenemos un té pendiente y muchas cosas que contarnos. También podría haber ido a casa de Nacho para hacer esa sesión Waterboys que tenemos pendiente (además con este vinilo en mis manos...) pero finalmente me di cuenta de que tenía que ensayar algunas canciones para el concierto de mañana, y me vine a casa. De camino aquí, en dos ocasiones, en dos sitios diferentes, escuché que me llamaban a lo lejos, y las dos veces miré y no había nadie. Por eso me he quedado con una sensación extraña, quizá no debería haber venido, quizá me esperaba algo ahí fuera. Quizá no sea tarde aún...

El autor de este cartel, que, en una especie de compulsiva necesidad de sentirse útil, es la misma persona que lo ha pegado por todo madrid personalmente, la misma que dirige el nuevo club y organiza el concierto, se extrañaba de que firmara mis actuaciones y canciones con mi nombre propio. Entiendo que, otros nombres pueden ser menos influyentes en el desarrollo de una persona, pero en mi caso, siento que lo que soy actualmente, está escondido entre las 5 letras de mi nombre, incluyendo a esa hache muda que equilibra suavemente la transición entre vocales, esa hache que aunque no suena, esconde todo el carácter de mi personalidad. Por eso, pese a lo que me puedan decir, siempre firmaré con mi nombre, llánamente, sin apellidos. De mis apellidos hablaré en otro momento.

martes, febrero 21, 2006

La Logia Negra

Anoche vimos el último capítulo de Twin Peaks, una serie que me ha tenido completamente enganchado estos últimos meses. He de admitir que aún no me he recuperado de la sensación que se me quedó, una mezcla de angustia, tristeza y miedo que no esperaba encontrarme, y que me hizo pensar en los roles que admitimos y adoptamos siempre que vemos una película. Normalmente, cuando vamos a ver una obra cinematográfica, sabemos a qué vamos a jugar, a veces sabemos que no sabemos nada (que ya es bastante). A pesar de todo, es común que los giros de un guión cinematográfico nos sorprendan, pero en las 2 horas que dura, suele ser difícil llegar a involucrarse totalmente con los personajes, y aún cuando llegas a hacerlo, normalmente se impone una especie de instinto paternal, por parte del director, de manera que bajo el sufrimiento o la muerte del personaje, siempre exista una educación que justifica las elecciones del guión. Recuerdo cuando ví por primera vez una película de Haneke. No sabía qué iba a encontrarme, y me imaginaba una trama con un nivel emocional muy elevado, pero lo que no esperaba encontrarme era la cara más oscura de la naturaleza humana mostrada sin tapujos, con una crudeza infinita. Pues bien, el final de Twin Peaks, me ha dejado con una sensación parecida o incluso peor (salvando las distancias de estilo, no quiero escandalizar con mis comparaciones). Durante 30 capítulos, Dale Cooper se había convertido para mí en un héroe moderno, frío pero afectivo, elegante, sensitivo, totalmente por encima de la situación. Su presencia equilibraba la balanza y a pesar de la densa oscuridad que se iba cerniendo, me sentía protegido, disfrutaba de cada destello de luz y de cada nuevo drama. De hecho, por lo que podido leer por aquí, Coopy llegó a dominar la serie por encima incluso de los deseos de sus creadores, Mark Frost y David Lynch, que decidieron retomar las riendas justo al final, dejando a los espectadores de nuevo sumidos en las sombras, más incluso que al principio. Para ello, Lynch tuvo que rehacer el guión del último episodio. El impacto que me produjo ver cómo se alcanzaba el clímax no se me olvidará jamás, es inevitable que se generen espectativas, pero Cooper tenía que pagar por contradecir a su propio creador. Algunos se atreven a decir que pagó el precio por amar, por ser débil. Otros que fue decisión propia, para salvar a su amor. Yo digo que es mucho más que eso, mucho más siniestro. El mismo Lynch ejerce su poder sobre la serie para dar la vuelta a los acontecimientos y de alguna manera se convierte en el protagonista en la sombra, dejándonos con la angustiosa sensación de que no podemos hacer nada, que todo escapa a nuestro control, que la oscuridad, efectivamente, lo puede todo.

sábado, febrero 18, 2006

nahum-music.com se actualiza

He actualizado mi página, desde hoy aparecen 6 canciones más: una nueva y 5 de hace tiempo. Además, le he dado un lavado de cara y he incluido las letras, a las que se accede pinchando sobre la "L" amarilla junto a cada canción. Espero que os sintáis cómodos en ella.

viernes, febrero 17, 2006

- ¿Qué es lo que más temes en el mundo?

- Que amar no sea suficiente.

Mayor Briggs, de la serie Twin Peaks.

Si alguien recuerda el momento en que dicen estas palabras...
Me quedé mudo.

Interés

Por medio de una amiga, un CD mío ha llegado a manos de un AR de Sony Music, que se ha mostrado según me cuentan "muy interesado". Esta es una situación recurrente en estos últimos años, que hasta ahora, no ha llevado a ninguna parte. Estas personas suelen "mostrarse interesadas" por muchos artistas, en realidad, es casi como si no te dijeran nada. Se hecha de menos un trato más personal, más comprometido y sincero, sobretodo teniendo en cuenta que de lo que hablamos no es de un objeto, hablamos de mi vida, de canciones que como yo, respiran. Recuerdo una experiencia con otro AR, creo que casualmente también era de Sony, un joven y ambicioso americano que irónicamente se llamaba Bill Placer (cuando me escribió la primera vez pensaba que era una broma, no podía hacer nadie con ese nombre) que se tomaba la libertad de decirme cómo debía hacer mis canciones. Solo le ví una vez, no volví a llamarle. Lo que me parece más gracioso de cómo funcionan estas cosas es que estas personas quieren que te comportes con ellos como si te estuvieran haciendo un favor. Por eso mismo he dicho ya varias veces que no.
No pierdo la esperanza de encontrar a alguien en el medio que me acepte como soy, que me de una oportunidad de ganarme la vida con mis canciones, a mi manera, por eso tampoco dejo pasar estas oportunidades. Sin embargo, siempre pienso en si hago bien en no buscarlas por mí mismo. No creo que las cosas funcionen así. Yo sólo quiero preocuparme de hacer lo que sé hacer, venderme no es lo mío.

martes, febrero 14, 2006

Agotamiento

Después de la actividad de estas últimas semanas, me encuentro ahora mismo agotado psicologicamente. Básicamente sobrevivo gastando energía solo en lo necesario, necesito volver a coger fuerzas. Los reencuentros son agotadores, te llevan a un estado de revisión, de reflexión, replanteamientos, risas, alegría ("¡y venga otra cerveza que hace mucho que no nos vemos...!") y ahora mismo necesito dejar que todo se pose, suavemente. Mi cabeza es ahora como esas bolas con nieve. Me siento bien, de hecho cada situación siempre tiene algo de lo que disfrutar. Ahora, me gusta relajarme tumbado al sofá, con mi gato y mi guitarra, viendo pasar a M. haciendo cualquier cosa, con la casa sumida en un suave silencio, suave como caer sobre un colchón de látex.

jueves, febrero 09, 2006

El Sueño Emotivo

Recuerdo otro sueño que me sorprendió, hace un año aproximadamente. En él, yo me encontraba con otra persona, subido a un gran escenario en la Plaza Mayor de Madrid (aunque en realidad no era Madrid, si no alguno de aquellos pueblos de mi infancia), con miles de espectadores. Tocábamos una canción animadamente, una conocida, como si fuera un standard de los que cantaba Frank Sinatra pero acelerado improvisadamente. El ambiente era festivo, la gente sonreía y había familiaridad y jovialidad. Cuando acabamos de tocar, la gente nos aplaudía fervorosamente, y había cariño en esos aplausos. Podía sentir la emoción en el estómago. Mientras buscaba mi ropa, para cambiarme, en una especie de backstage donde había una pila de americanas con lentejuelas, la gente iba abandonando la plaza por las salidas transversales. Recuerdo que oí alguien que me llamaba, una voz familiar. Eran mis tios, con mis primos, pero tenían unos 15 años menos! Así, de repente, comenzaron a entrar en la plaza como si fuera una especie de desfile, todos mis familiares tal y como los veía en mi infancia. Y a la cabeza, mi abuelo, y me vi a mí mismo con 9 años, correteando a su alrededor. Todos pasaban por delante de mí, me sonreían y me saludaban. La abundante gente que aún seguía en la plaza, aplaudía y lanzaba vítores, y la sensación que yo tenía era como una bella película que acaba, un homenaje a los recuerdos. Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y desperté llorando, completamente emocionado. Jamás olvidaré ese sueño, esa visión.

miércoles, febrero 08, 2006

Sueños Científicos

Suelo sorprenderme con mis sueños. Desde pequeño los he tenido tremendamente conscientes, absolutamente simbólicos y algunos en extremo representativos. Aunque he de reconocer que hasta hoy, no había tenido un sueño "científico". Soñaba que veía un programa, básicamente el sueño en sí era programa que mi cabeza retransmitía. En él aparecía una joven con una bata blanca explicando la siguiente teoría:

Si en un conjunto C, localizado en un entorno E, tenemos dos elementos A y B con una relación tal, que B = A*n, siendo n un número entero mayor o igual a 1. En este conjunto se da la particularidad de que el único número que puede variar es A, de modo que B depende totalmente de A.

La pregunta que se planteaba en mi sueño es esta:

Si aislamos al conjunto C del entorno E de manera que pudiéramos alterar las propiedades de B, de manera que el B inicial tuviera un valor preimpuesto artificialmente, lograríamos con eso forzar el valor de A indirectamente?

Lo más curioso de todo esto es que este problema plantea de una manera un poco simple la duda que abrió la teoría de la relatividad. De este modo, tenemos al tiempo y el espacio como las dos variantes de ese conjunto y la velocidad de la luz como única constante n.
También, recuerdo que en el sueño se recalcaba mucho la importancia de situar el conjunto C en un entorno hipotético aislado....

Sueños que dan que pensar. Recuerdo otro sueño del que hablaré otro día, en un plano opuesto.

domingo, febrero 05, 2006

And Then The Pain Was Over...

... es el título de mi nueva canción. Podéis escucharlo en el minireproductor de la derecha. Próximamente disponible para descarga en www.nahum-music.com. Espero que os guste y espero también vuestros comentarios que son mi sustento.

Espíritu de Domingo

Algunos domingos, como hoy, parecen tener una luz especial. Desde pequeño, el domingo ha sido un día diferente; supongo que para cada uno lo es de alguna manera. El domingo me recuerda a mi abuelo, a aquellas tardes en Almagro, con sus casas blancas de cal, sus calles empredradas. Paseando Almagro, tal día como hoy, uno sólo escucha el gorjeo de las golondrinas, las campanas de la iglesia, las tranquilas charlas en los portales, el sonido de los bolillos de las encajeras chocando entre si. Mi abuelo y yo mirábamos los nidos de barro en lo alto de los graneros junto a la estación de tren con unos prismáticos que compró en Ceuta, cogíamos amapolas rojas y grillos con manchas amarillas junto a la cabeza y me contaba historias sobre sus animales favoritos. Me hacía juguetes como los que él se hacía cuando era pequeño, con lata y alambre; me contaba que era un hacha cazando pájaros con trampas que fabricaba, y cómo gracias a esos pájaros pudieron pasar las épocas de hambruna. Mi abuelo adoraba su bicicleta verde, disfrutaba cuidándola y arreglándola, enseñándome a apreciarla. Yo disfrutaba mirándole rodeado de sus cosas, sus herramientas, en el trastero de aquella casa. Recuerdo intensamente el olor a pimientos rojos secándose colgados del techo. A menudo sueño con mi abuelo, con su casa, su manera de andar, con su inocente mirada, luminosa, llena de juventud. Lo mejor de mi infancia fue sin duda lo que compartí con él; siempre he pensado que mi abuelo era especial, aunque para mucha gente su abuelo es especial también. No he conocido a otra persona con la capacidad que tenía él de transmitir alegría y paz, y por eso, los domingos como hoy en que brilla una luz pura y en el aire flota un fragante aroma a margaritas, me acuerdo de él. Cuando se fue, me dejó aquellos prismáticos que aún conservan su olor. El nombre de mi abuelo, era, y será, Domingo.

miércoles, febrero 01, 2006

De compras

Hacía mucho que no me compraba una prenda que diera algún paso más en la definición de mi estilo. Hoy, de compras con Carlos, me he hecho con estos pantalones de pitillo, los primeros que han vestido estas piernecitas mías. Por mi cabeza pasan los Ramones, Renton de Trainspotting, Iggy Pop, Lou Reed, MC5... rock and roll!! Qué coño! He pasado un par de días bajos, debe ser el efecto balancín.

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