viernes, octubre 06, 2006

Sobre el Despecho

A estas alturas de la vida, quién no ha tenido malas relaciones sentimentales?  Tiendo a pensar que el desamor es un sentimiento universal, y que todos hemos sufrido por amor en sus diferentes variantes, hemos sido abandonados, ignorados, incluso maltartados en alguna ocasión (y quien no lo haya vivido, él se lo pierde). Puedo recordar mil historias terribles entre las que puedo colocar algunas mías en el top ten, como la que viví con B, que me enseñó lo que era el amor "adulto", y que tras vivir un intenso romance en la distancia, una vez ya en Madrid, dispuesto a vivirlo en toda su magnitud, decidió denegarme cualquier tipo de contacto
físico, porque había decidido marcharse a otro país a aprender idiomas y consideraba que "era lo mejor". Así que ahí la tenía, enfrente de mí, día tras día, actuando con frialdad de cirujano. Ni siquiera un beso o una caricia. Acabó por ignorarme totalmente hasta que se marchó. Tardé meses en recuperarme. O la historia de H y E, que tras cinco años de relación, ella comenzó una aventura con Z, un chico algo mayor que ellos. Tenía pensado dejarlo con E, pero no se atrevía a hacerlo, a pesar de que sí le había dicho que le gustaba otro y se veía con él. Terminó con E un día en que este había pasado la mañana ayudándola a limpiar su casa. E, interiormente,
no lo aceptó , y H siguió aprovechándose de sus favores durante meses, mientras comentaba con 
sus amigas las "sutilezas" sexuales con su nuevo y hormonado amante de larga melena.
Todo esto es el pan de cada día y no hay nada en ello que me perturbe en mi día a día, es ley de vida y en esto radica gran parte de la terrible belleza del amor y las relaciones. Pues bien, anoche me ví de nuevo pensando en ello, tratando de hacer un balance imposible. Nos encontrábamos en una improvisada reunión de amigas de M., y el tema había aparecido insistentemente durante la noche, aunque yo pensaba que más bien se trataba de gotas de humor feminista, vagamente aceptable en una reunión de esas características, pero no. Resulta que aquellas 3 chicas decía haber sido maltratadas por el género masculino, de modo que llegó un momento en que las tres, sin ningún tipo de respeto hacia mi presencia innegablemente masculina, comenzaron a arremeter contra los hombre con algunos clásicos. Véanse las referencias "no saben hacer varias cosas a la vez", "al principio son muy majos y luego...", y un surtido etcétera de ridiculizaciones tópicas. Llegé a sentirme bastante incómodo, pero me tuve que callar por no avivar más el fuego. No pude evitar pensar si realmente hay más chicas abandonadas, o esque ellas hacen más ruido. Ambas respuestas me parecieron válidas, pero no curaron la picazón que despertaron en mí sus palabras. Hasta un nivel, creo que es cierto que los hombres suelen ser los que más cortan las
relaciones, pero como digo, hasta un nivel. En relaciones que comienzan, suele haber más espantadas masculinas, o chicos que no quieren comprometerse y llegados a un punto, se cierran y escapan, o chicos que sólo quieren sexo... y no niego que esto es jodido cuando uno empieza a querer estar con alguien, pero se trata de aprender que hombres y mujeres podemos tener necesidades muy distintas dependiendo de en qué momento de nuestra vida nos encontramos, de saber interpretar las señales (porque todos, hombres y mujeres, interpretamos un papel en cada momento), de saber dónde buscar y de acabar por determinando que NO hay que buscar el amor. Por otro lado, una vez establecidas las relaciones, creo que la situación se iguala, y nos encontramos con abandonados y  abandonadas en más o menos la misma proporción, y cada historia es un mundo. A mí lo 
que me revienta es achacar el fracaso de una relación al comportamiento general de, valga la redundancia, un género, y tener con esto una excusa para el rencor de, si se me permite en este caso, "de género" (aquí sí me parece correcto usarlo, pero no en "violencia de género").  El rencor genera rencor, y cuando una mujer cabreada con los hombres se enfrenta ante una nueva posibilidad de relación, es muy común que tome actitudes contradictorias. Por un lado querrá que el chico le demuestre ser lo contrario que el otro, y ese miedo puede mostrarla vulnerable; por otro ladopuede actuar con desconfianza y frialdad, incluso puede que quiera pagar con él el dolor que sufrió. Quizá llegue a hacerle daño a él, que se convertirá en el próximo cabreado con las mujeres, que comenzará a tratarlas sin respeto, y así hasta el infinito. Hay que detener el rencor, y para eso no existe mejor antídoto que saber encajar nuestros males. Lo que falla, no son los hombres ni las mujeres. Son las relaciones. Somos tan complicados... Lo normal es tener problemas, dudas, que haya roces, inseguridades... hay que elegir bien las palabras, saber comportarse en cada momento...  y de todas formas lo más probable es que una relación acabe por terminar, y eso lo dicen las estadísticas. Lo que hay que valorar es lo que eso que has vivido te ha aportado, pues al fin y al cabo, todos somos más o menos, compañeros de este 
viaje que es la vida, y todos a los que conocemos forman parte de nosotros al final de nuestros días. Curiosamente, pensando así, es más probable que la relación dure.

El amor está ahí en el aire, incluso cuando estamos solos ("only to be alone..."). Cuando una persona nos despierta ese sentimiento de exaltación, hay que aprender a disfrutarlo en sí mismo, pero como se disfruta un éxtasis. El amor puede destrozarte como la adicción a las drogas... y cuando entonces algo falla, no se puede culpar a la sustancia. Porque además, hay otro tema muy importante y terrible, y es que todos supuestamente hemos nacido para triunfar en el amor, todos hemos de encontrar a nuestra media naranja y ser felices. La educación puede ser tan perjudicial...
Quizá sea un poco tarde para muchos pero... ¿qué tal si comenzamos a redefinir el concepto de amor? Algo que sea más cercano a contemplar la naturaleza o una obra de arte.

jueves, octubre 05, 2006

El crecimiento es como el cultivo, como plantar pequeñas semillas y regarlas con ilusión. Es abusurdo intentar estirarse hasta donde llega la luz del sol, solo hay que tener su resplandor bien claro en la cabeza y esperar el agua enriquecedora. Siento que he dado otro paso más, discretamente, hacia mi destino. A veces hay que descolocar un poco los átomos de algo para hacerlo visible, como decía aquella canción, y es que el desorden emocional te permite tener ciertas cosas a mano que son mi herramienta de trabajo. Me gusta estar triste,  cuando es la tristeza en sí la  que me elige, cuando cierta sensación de soledad se apodera de mí. Quizá por eso siento que
tiendo a aislarme un poco, que me vuelvo más hermético y autosuficiente con el tiempo, que me gusta salir a mi aire o con gente que no se extrañe de que me apetezca quedarme un rato solo en la barra de algún bar, bebiendo cualquier cosa con ron. Durante mucho tiempo pensaba que relacionarse conmigo era muy cómodo, y supongo que de alguna manera, siempre será así, porque no pido mucho por una sonrisa. Sin embargo, sí que pienso que con los años, hay una cosa con la que me vuelvo exigente, que me dejen ser como soy, que confíen en mí, con mis defectos y mis virtudes. No me considero demasiado original en mis rarezas solo que quizá las acepte de manera distinta a otros. Además siempre he tratado de alcanzar el equilibrio, con lo complicado de ese empeño, y he llegado a la conclusión de que el término medio no suele estar donde los demás piensan que está. Es más, a veces el término medio atraviesa frecuentemente los extremos. Quizá por eso a veces mi actitud puede llevar a la confusión cuando me preguntan cosas como sobre mi inclinación sexual, mi opción estética o mi concepto del amor. En ese sentido, pienso que cuando hace ya 10 meses escogí "A Little Respect" como
canción para empezar el año, no pude haber elegido mejor canción en todos los sentidos. Quizá sea una excusa para hacer patente hacia el exterior el respeto que siento hacia mí mismo y exigir el que demuestro hacia los demás, pero creo que a mis 25 años, hay ciertas cosas que ya deben de ser de cierta manera, y eso es conciliar lo que soy con los demás. En realidad no sé hasta qué punto los que me rodean pueden apreciar todo esto, pero como digo otras veces, lo que yo sí siento, no tiene precio.
 

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