lunes, diciembre 11, 2006

Comas y puntos

Siempre llega un momento en la vida (o decenas de ellos) en que, por alguna razón, no puedes seguir haciendo las cosas de la misma manera. Cambias los motivos por los que haces algo. De repente te das cuenta que lo que era muy importante se convierte en un simple divertimento, y algo que hacías solo por entretenerte pasa a ser lo que más te define, y ese hecho cobra peso y más peso hasta ser algo casi obsesivo. Eso me está pasando a mí ahora mismo. Tendemos apoyarnos demasiado en lo que hemos hecho, cómo lo hemos hechi, en lo que hemos sido, y eso, a la hora de los cambios importantes, hace que nos asalten los prejuicios. Cuesta abandonar viejas ideas que nos han funcionado, sobre todo cuando el siguiente escalón puede ser entrar en una etapa destructiva. No me refiero necesariamente a lanzarse al juego hedonista de los excesos, sino entrar en una etapa de extrañamiento. De repente sientes que lo que estás haciendo ya no eres tú, que te has olvidado de lo bien que te puedes sentir a veces. Entonces comienzas a afrontar todo de nuevo, casi como por primera vez. Lo malo es que la rutina siempre te lleva a esa situación una y otra vez, y tenemos entonces ciclos pequeños y ciclos más grandes. Así que se acaba el ciclo grande y hacer pequeños cambios no es suficiente. Toca cambiar de trabajo, de casa, de bares o yo que sé qué. A veces se necesita atravesar una etapa desagradable, para volver a encontrar la belleza. Volver a empezar.

martes, diciembre 05, 2006

"Tenemos que ser más conscientes de la necesidad de olvidar, de desaprender. La gente tiene una capacidad infinita para ser infeliz. Si nos diéramos cuenta de que las emociones no son importantes, la vida sería más fácil."

Eduard Punset

Mira, otro que habla de "desaprender"... Por ahí iba yo...

lunes, diciembre 04, 2006

Por fín, leo que alguien está de acuerdo conmigo en que utilizar reglas de género en ciertas, o la mayoría de profesiones, en busca de igualdad ante un supuesto machismo léxico o gramatical, es tan absurdo e injustificado que me indigna tremendamente. Así, cuando en el telediario, o en la prensa escrita, hacen alusión a "la jueza", me enciendo por dentro. Para ser igualitarios, entonces, a partir de ahora, los conductores de taxis (hombres, se entiende) habrán de pasar a ser "taxistos"; los dentistas, "dentistos"; y así un millón de ejemplos. Señoras y señores, no le busquen los tres pies al gato... (y atención que en esta común expresión las señoritas van por delante).

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